
El wombat produce uno de los excrementos más extraños del reino animal: heces con forma casi cúbica. No tiene un ano cuadrado ni “moldea” cada pieza al salir. La forma aparece durante el paso del material por la parte final del intestino, donde la pared intestinal no se comporta igual en todas sus zonas.
A medida que el contenido avanza y pierde agua, algunas regiones del colon se contraen y estiran con diferente elasticidad. Esa combinación de presión, deshidratación y rigidez desigual va creando caras relativamente planas y bordes definidos hasta producir las características piezas cúbicas.

La forma también puede tener una ventaja práctica. Los wombats utilizan sus heces para marcar territorio, colocándolas sobre rocas, troncos y otros puntos visibles. Al ser menos redondeadas, ruedan con menor facilidad y permanecen mejor en esos lugares.
Este proceso demuestra que una estructura tubular puede generar una forma sorprendentemente geométrica sin necesitar una abertura cuadrada. El secreto está en la biomecánica del intestino y en cómo se comprime el material durante su recorrido final.
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