Esto me pasó haran algunos años y todavía me quiero cortar las que no tengo con una cucharita de plástico, rufián. Sentate cómodo y prepará los pochoclos. Si con la anterior historia de la gorda termotanque de bolsillo que se quedó a estudiar matemáticas en mi sillón demostré mi esencia taringuera, con esta otra directamente me consagro en mi estado Diamond legendario.
Aclaro de entrada, lince: esto fue un par de años antes de la pandemia, en la época dorada donde todavía podías respirar el mismo aire que otra persona sin culpa. A esta minita, llamémosla Sofía, la conocí en un grupo de compra/venta de figuras de anime en Facebook.
Sin mentirte, máquina, esta mina sí estaba re buena. No sé si preciosa, depende de lo que califique para cada uno, pero para ponerte en contexto: con gafas la mina era el doble de Mia Khalifa, pero con menos tetas aunque lindas igual para su físico, no era tabla, se gastaba un culito como para hacerle un homenaje a 2girls&1cup. El punto es que la mina notó química al toque. Nos la pasábamos hablando de series y pegamos alta compatibilidad cibernética. (Pará, acá hago un paréntesis post-traumático: años después, por comentarios de otros linces de la comu que la conocían, supe que la mina al menos cató otras 20 morcillas en su vida, así que tan santa no era la gansa, pero bueno, el punto en ese momento era tener dónde ponerla).
Cuestión que un sábado a la noche pinta juntada en mi baticueva. Ella vino a casa, tomamos unas Quilmes, Fernet Vittone con Manaos y la química pasó del chat a la realidad. Terminamos en mi cama, a oscuras, chapando como campeones. Yo ya me sentía el mismísimo Brad Pitt rubio de ojos celestes. El partido estaba liquidado, lince. Tenía el arco libre, el arquero se había ido a comprar un pancho y la pelota estaba rodando despacito hacia la red.
Pero como soy blanco heterosexual y patriarcal supremacista ario de Taringa, mi cerebro Diamond entró en un cortocircuito místico de proporciones bíblicas.
La mina tenía la piel un toque más morena, un bronceado espectacular que a mí me volaba la cabeza. Pero en mi inocencia absoluta y mi falta de contacto femenino real, se me ocurrió hacerle la pregunta más pendeja, imbécil e hilarante en la historia de la humanidad. Paré el chape de golpe, la miré fijo con total seriedad y le pregunté:
"Che... ¿vos sos mapuche por el color de tu piel?"
Sofía se quedó dura, recalculando como el GPS del celular. Me miró con cara de "¿este pibe se escapó de un manicomio?", pero no llegó a responder porque mi autismo taringuero redobló la apuesta. Sin filtro y con la total impunidad de un gordo que se alimenta a base de Pitusas, remateté con la duda existencial que me carcomía la cabeza por culpa del porno:
"Te pregunto porque... o sea, a mí solo me gustan rosaditos. ¿Vos tenés los pezones y los labios vaginales morados como cuando da frío?"
Lince... no te puedo explicar el silencio sepulcral que inundó la habitación. Fue como si hubiera invocado al mismísimo comandante Fort para que me diera un cachetazo con la mano abierta. Mi estado Diamond legendario se había manifestado en su máxima expresión.
La mina se puso furiosa. Pasó de la escala de la seducción al modo Terminator en 0.2 segundos. Se paró de la cama de un salto, prendió la luz (dejándome ciego con mi miopía), me revoleó un almohadón por la cabeza y me empezó a gritar de todo: "¡Sos un enfermo, un racista de mierda, un asqueroso psicópata!".
Yo estaba ahí, tirado en calzones, tratando de explicarle que era una duda "científica" y que no lo decía de malo, pero ya era tarde. Se puso los jeans, las gafas estilo Mia Khalifa, agarró su mochila y me metió un portazo que casi me tira los pósters de K-ON! a la mierda.
¿Y sabés qué fue lo peor de todo, maquinola? Que me quedé solo en la pieza, con las luces apagadas y el amigo al palo. Así que para coronar la noche más triste de mi existencia, terminé haciéndome la paja con videos de Mia Khalifa para botar lo que ya a esas alturas estaba cuajado. La ironía taringuera en su máxima expresión, lince. Una poesía al fracaso.
Conclusión: Me bloqueó de WhatsApp, me escrachó en el grupo de compra/venta de Facebook y sigo más invicto que la selección del 86. Para cortarse las bolas, lince. Al menos me consuela saber que después de mí se armó alta colección de morcillas, así que de la que me salvé, ¿no? Sida, gonorrea y quizá cuanta mierda, o a una larva haciéndolo pasar como vástago mío (Mentira, me quiero morir solo).
Dejame +10 si creés que mi destino es morir virgo, y si no, denunciado por supremacista de teclado, ¡buen post!
Resumen LVL 5:
Si la historia de la gorda de matemáticas en el sillón era buena, con esta alcancé el rango de Diamond legendario. Antes de la pandemia tenía en la cama a una minita idéntica a Mia Khalifa. Le pregunté si era mapuche y si tenía las partes moradas por el frío porque a mí me gustaban rosaditas. Se puso furiosa y me metió un portazo. Terminé clavándome una paja con la verdadera Mia Khalifa para bajar la leche que ya estaba cuajada. Sigo invicto.
Aclaro de entrada, lince: esto fue un par de años antes de la pandemia, en la época dorada donde todavía podías respirar el mismo aire que otra persona sin culpa. A esta minita, llamémosla Sofía, la conocí en un grupo de compra/venta de figuras de anime en Facebook.
Sin mentirte, máquina, esta mina sí estaba re buena. No sé si preciosa, depende de lo que califique para cada uno, pero para ponerte en contexto: con gafas la mina era el doble de Mia Khalifa, pero con menos tetas aunque lindas igual para su físico, no era tabla, se gastaba un culito como para hacerle un homenaje a 2girls&1cup. El punto es que la mina notó química al toque. Nos la pasábamos hablando de series y pegamos alta compatibilidad cibernética. (Pará, acá hago un paréntesis post-traumático: años después, por comentarios de otros linces de la comu que la conocían, supe que la mina al menos cató otras 20 morcillas en su vida, así que tan santa no era la gansa, pero bueno, el punto en ese momento era tener dónde ponerla).
Cuestión que un sábado a la noche pinta juntada en mi baticueva. Ella vino a casa, tomamos unas Quilmes, Fernet Vittone con Manaos y la química pasó del chat a la realidad. Terminamos en mi cama, a oscuras, chapando como campeones. Yo ya me sentía el mismísimo Brad Pitt rubio de ojos celestes. El partido estaba liquidado, lince. Tenía el arco libre, el arquero se había ido a comprar un pancho y la pelota estaba rodando despacito hacia la red.
Pero como soy blanco heterosexual y patriarcal supremacista ario de Taringa, mi cerebro Diamond entró en un cortocircuito místico de proporciones bíblicas.
La mina tenía la piel un toque más morena, un bronceado espectacular que a mí me volaba la cabeza. Pero en mi inocencia absoluta y mi falta de contacto femenino real, se me ocurrió hacerle la pregunta más pendeja, imbécil e hilarante en la historia de la humanidad. Paré el chape de golpe, la miré fijo con total seriedad y le pregunté:
"Che... ¿vos sos mapuche por el color de tu piel?"
Sofía se quedó dura, recalculando como el GPS del celular. Me miró con cara de "¿este pibe se escapó de un manicomio?", pero no llegó a responder porque mi autismo taringuero redobló la apuesta. Sin filtro y con la total impunidad de un gordo que se alimenta a base de Pitusas, remateté con la duda existencial que me carcomía la cabeza por culpa del porno:
"Te pregunto porque... o sea, a mí solo me gustan rosaditos. ¿Vos tenés los pezones y los labios vaginales morados como cuando da frío?"
Lince... no te puedo explicar el silencio sepulcral que inundó la habitación. Fue como si hubiera invocado al mismísimo comandante Fort para que me diera un cachetazo con la mano abierta. Mi estado Diamond legendario se había manifestado en su máxima expresión.
La mina se puso furiosa. Pasó de la escala de la seducción al modo Terminator en 0.2 segundos. Se paró de la cama de un salto, prendió la luz (dejándome ciego con mi miopía), me revoleó un almohadón por la cabeza y me empezó a gritar de todo: "¡Sos un enfermo, un racista de mierda, un asqueroso psicópata!".
Yo estaba ahí, tirado en calzones, tratando de explicarle que era una duda "científica" y que no lo decía de malo, pero ya era tarde. Se puso los jeans, las gafas estilo Mia Khalifa, agarró su mochila y me metió un portazo que casi me tira los pósters de K-ON! a la mierda.
¿Y sabés qué fue lo peor de todo, maquinola? Que me quedé solo en la pieza, con las luces apagadas y el amigo al palo. Así que para coronar la noche más triste de mi existencia, terminé haciéndome la paja con videos de Mia Khalifa para botar lo que ya a esas alturas estaba cuajado. La ironía taringuera en su máxima expresión, lince. Una poesía al fracaso.
Conclusión: Me bloqueó de WhatsApp, me escrachó en el grupo de compra/venta de Facebook y sigo más invicto que la selección del 86. Para cortarse las bolas, lince. Al menos me consuela saber que después de mí se armó alta colección de morcillas, así que de la que me salvé, ¿no? Sida, gonorrea y quizá cuanta mierda, o a una larva haciéndolo pasar como vástago mío (Mentira, me quiero morir solo).
Dejame +10 si creés que mi destino es morir virgo, y si no, denunciado por supremacista de teclado, ¡buen post!
Resumen LVL 5:
Si la historia de la gorda de matemáticas en el sillón era buena, con esta alcancé el rango de Diamond legendario. Antes de la pandemia tenía en la cama a una minita idéntica a Mia Khalifa. Le pregunté si era mapuche y si tenía las partes moradas por el frío porque a mí me gustaban rosaditas. Se puso furiosa y me metió un portazo. Terminé clavándome una paja con la verdadera Mia Khalifa para bajar la leche que ya estaba cuajada. Sigo invicto.
1 comentarios - Tuve a Mia Khalifa en mi cama [Virgohistoria]