Conejo de Chocolate

Ernesto caminaba con su conejito de peluche afelpado por un pasillo en su casa en el salvador, de noche.

Siguió su camino hasta llegar a la habitación de su madre Eli, que dormía tranquilamente.

La pequeño ernesto primero vio en la mesita al lado de la cama una foto de el junto a su madre junto con su madre, y luego a la la ventana.

El conejo
—¿Mamá? —Preguntó Ernesto.

—¿Qué sucede? —Le responde la madre al despertar.

—Mamá, el conejo de peluchese está comiendo mi chocolate. —Respondió la ernesto.

—Hijoazón, por favor, déjame dormir. Vuelve a tu habitación. —Decía la madre Eli, muy cansada.

—Pero, mamá, está abajo comiéndose mi chocolate. —Contestó Ernesto, aterrado.

—Tuviste un sueño. El conejo de peluche le da caramelos a los niños, no se los quita. Ve a tu cuarto a dormir. —Dijo la madre, acostándose de nuevo.

Ernesto, triste por la respuesta de su madre, se dispuso a volver a su cama a dormir.
Bajó las escaleras y vio un conejo horripilante, negro y manchado de sangre devorando un gran trozo de chocolate con sangre.

El pequeno ernesto, con los ojos llorosos, veía cómo el ser comía y se coloreaban sus dientes por el fluido chocolatoso sanguineo.

Chocolate

—Mamá me dijo que volviera a la cama. —penso Ernesto.

El monstruo, repentinamente, se dio vuelta y le contestó a la aterrado Ernesto:

—Buena idea, nino.
Ve, que todavía no es tu turno. Voy a esperar un poco y entonces seguiré contigo a comerte a pedazos y hacerte sangrar de dolor.

Ernesto miró al piso y detalló los trozos de carne con chocolate destrozados dentro de un charco de sangre chocolatosa.

Pasó la mirada por el lugar y al lado suyo había una chapa de metal con forma de hueso de chocolate, que decía "Chocolate".

Ernestoo, tras verlo, cerró los ojos y una lágrima de sangre y chocolate recorrió su cara.


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